Los errores son humanos, pero el 70% de ellos no se deben a la falta de conocimientos, sino a errores asociados a tareas rutinarias y al contexto de trabajo de rutina y contexto. En lugar de intentar evitarlos, debemos invertir la lógica y centrarnos en hacer todo lo posible
para eliminar sus consecuencias. ¿Cómo? Confiando en el cerebro humano, que tiene una gran capacidad para detectarlos y recuperar entre el 80 y el 90% de ellos.
Tenemos que confiar en los operadores, en los equipos y en sus entornos técnicos, dotados de sistemas de alarma. Para ello, es necesario diseñar e implementar entornos organizativos de trabajo con barreras de defensa adecuadas, condiciones de trabajo favorables y dispensar formaciones apropiadas.